En diciembre de 2014, un grupo de autodefensas de Guerrero encontró restos de huesos en un paraje a las afueras de Cocula. El grupo peinaba la zona desde hacía semanas, buscando indicios de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, ocurrida en septiembre en el pueblo vecino de Iguala. Cuando encontraron los huesos, avisaron a la prensa y las autoridades. El 15 de diciembre, fiscales y peritos de la fiscalía federal llegaron al lugar, conocido como la barranca de La Carnicería. Levantaron cientos de pequeños fragmentos de huesos humanos, casi un kilo, según documentos de la investigación. Pese a la relevancia del hallazgo, la vieja fiscalía, la Procuraduría General de la República (PGR), comandada entonces por Jesús Murillo Karam, nunca ordenó un análisis genético de los restos. Los investigadores tampoco ampliaron la búsqueda. Sin embargo, este año fue identificado otro estudiante a partir de restos hallados en ese mismo predio.



































