Blas Cinalli, uno de los acusados por el crimen de Fernando Báez Sosa, es el único de los ocho rugbiers que no recibió a sus padres durante el juicio ni en el Penal de Dolores. Aunque no se sabe el motivo, los que presenciaron jornadas en la sala del TOC 1 sostienen que el acusado nunca giró su cabeza para ver si había algún familiar.



































