Corría el mes de abril de 1992. Era un día viernes. Los cuatro operarios ya estaban en sus puestos en el Teatro Municipal 1º de Mayo, el orfeón mayor de nuestra ciudad. Hay puestos claves en una función de teatro y uno de ellos es el del maquinista, la persona que se encarga de afinar los telones, patas, bambalinas. El talentoso bailarín Jorge Donn ensayaba en soledad, detrás del escenario, unos dúctiles pasos. Los hermanos Godoy y Carlos Porpato escribían en sus libretitas las últimas anotaciones. Aldo Maldonado, ajustaba los detalles del telón como podía.


































