Una vez que el doliente está ensimismado, es la ocasión para que realice la transformación del padecimiento como deja entrever el poema de Juarroz. En ese sentido, el filósofo Santiago Kovadloff diferenció al "dolor" del "sufrimiento". Este último, escribió, nos "remite a cargar con un peso", a sobrellevarlo. En cambio, el dolor "no implica ese acto de sostenimiento de un padecer: implica simplemente la intensidad del padecer". Con esta distinción, el ensayista argentino describió "que una subjetividad se constituye en plenitud cuando transita del dolor, entendido como un padecimiento que destituye al sujeto, que lo quebranta, que lo desorienta, al sufrimiento, entendido como lo que puedo cargar sobre mis hombros". De ese modo, el hombre "sin que el peso deje de ser la huella de un padecimiento", recupera, "al trabajarlo, un protagonismo que había perdido en el dolor" (entrevista a Kovadloff, año 2008).