- La Iglesia jerárquica institucional ha hecho algo que no todos los sectores sociales importantes hicieron; fue tarde es verdad, pero lo ha hecho, que es un examen de conciencia y una autocrítica en serio. Los dos tomos del libro "La verdad los hará libres" es la consecuencia de esa voluntad de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), que la tiene desde hace muchos años, pero no la podía concretar porque hubo dos o tres asambleas del Episcopado apuntadas en ese sentido. En esta circunstancia histórica, que difícilmente se repetirá de tener un Papa argentino, con su estímulo la CEA tomó una decisión hace más de cinco años de confiarle a la Facultad de Teología de la UCA este trabajo publicados en estos dos volúmenes y un tercero que está por aparecer en noviembre, para lo cual se abrieron los archivos del Episcopado, de la Nunciatura en la Argentina y del Vaticano antes de tiempo por decisión de Francisco. Queda claro que no estuvimos a la altura de las circunstancias en la que católicos de un lado y del otro se mataban. Es muy bueno que haya dado este paso purificador y hay que seguir revisando; esta investigación es de 1966 a 1983, siendo las décadas del 60 y 70 más controvertidas. En 1981 la Iglesia Católica publicó el documento "Iglesia y comunidad nacional", donde por primera vez se compromete con la democracia, que fue muy bien trabajado por obispos amigos con activa participación como Vicente Zazpe (Santa Fe) y Justo Laguna (Morón), los teólogos Lucio Gera y Gerardo Farrell, quienes contribuyeron a traer el Concilio Vaticano II a la Argentina y se había constituido la comisión episcopal de pastoral en los años 60. En ese documento se afrontó la violencia y sus consecuencias, se habló de memoria, verdad, justicia y reconciliación. Con todas sus dificultades, la Iglesia cumplió un papel fundamental en el momento más serio cuando la democracia tambaleó en 2001-2002, con documentos de la CEA, presidida por Estanislao Karlic (arzobispo de Paraná), que instaban al diálogo, y sufrimos la incomprensión de la mayoría del gobierno, que creía que estábamos trabajando para voltear al presidente Fernando De la Rúa y en realidad tratábamos de ayudar.