Francisco descansa en paz. Una y otra vez denunció la injusticia social de nuestro tiempo. Se dedicó a defender a los olvidados, a los marginados, a los que la autoridad desprecia, a los pobres, a los inmigrantes, a los vulnerables, a los refugiados. Denunció la globalización de la indiferencia. Nos enseñó que todas las personas valen la pena, aunque unos con más urgencia que otros.



































