Hace poco tiempo, visité el museo de Yad Vashem en Jerusalén. Mientras recorría las diversas exhibiciones, me quedé con una pregunta dando vueltas en mi cabeza: ¿por qué la sociedad alemana no reaccionó de manera rotunda en los propios inicios de la propaganda antisemita, por ejemplo, tras la publicación del libro Mein Kampf? Un pensamiento parecido resonó en mí la semana pasada, cuando vi las imágenes de la reciente quema del Corán ante una mezquita, en Suecia. Ya el hecho de que eligieran el día del sacrificio (que representa una de las celebraciones principales en la vida de un musulmán) para realizar su demostración contra los musulmanes me hizo acordar a los nazis que solían a propósito seleccionar fechas del calendario judío para manifestar su rencor.



































