Antes, también, durante la presidencia de Sarmiento, con Avellaneda como ministro de Justicia e Instrucción Pública, se había dado un gran impulso a la educación popular mediante la creación de escuelas normales para la formación de maestros y una significativa reforma del sistema de enseñanza primaria en un país de analfabetos. Todo lo cual alcanzará su máxima expresión con la sanción de la Ley 1420, promulgada en 1884 durante la presidencia de Roca, antes de que concluyera la "campaña al desierto". Esa ley, considerada revolucionaria por los investigadores, le proveía un canal conducente al derecho a la educación, en base a la idea de que todos los niños del país, varones y mujeres, nativos o inmigrantes, pobres o ricos, urbanos o rurales, pudiesen concurrir a las aulas públicas en similares condiciones y acceder a los mismos contenidos, como un modo efectivo de formación ciudadana para el real ejercicio de sus derechos y deberes. Se trataba de construir un país, y se empezaba por la educación igualitaria, sólida base que permitirá darle forma a una de las sociedades más dinámicas y prósperas del mundo, según lo expresan los indicadores de alfabetización, de movilidad social ascendente y de exponencial crecimiento de la economía.