El robo de infraestructura pública, necesariamente instalada en las calles, tiene a los medidores de agua potable como uno de sus nuevos blancos. El fenómeno se mantiene desde el año pasado y, en la medida en que la devaluación argentina y el incremento del dólar condiciona la economía argentina, aumentan los ataques al cableado eléctrico y de sistemas de TV, a las instalaciones de gas y también de agua potable.





































