Úrsula Bahillo, Ivana Módica y Guadalupe Curual vivieron en puntos muy distantes del país y no se conocieron, pero tuvieron en común que padecieron violencia por parte de sus exparejas, que realizaron denuncias ante la Justicia o la Policía y que sus reclamos no fueron escuchados hasta que finalmente fueron víctimas de femicidios, lo que motivó críticas desde todos los ámbitos respecto a las medidas restrictivas contra los agresores.

































