Fue una situación aún más grave que aquella de principios de 2005, cuando al club lo conducía Darrás, el técnico era Pizzi, el equipo había perdido con Arsenal en el Brigadier López su tercer partido consecutivo y Vignatti entró a la cancha a frenar el malestar de los hinchas, disconformes con el rendimiento de los jugadores. Esto fue mucho más grave. Y se vieron situaciones insólitas, que pueden traer consecuencias y que van más allá de la suspensión del partido:
































