En la inundación de 2003, Mónica Niel estaba coordinando el comité de crisis de Santo Tomé. Y asistía a una escuela donde se alojaban familias inundadas. Un día, le avisan que había una niña que hacía mucho tiempo que estaba confinada en un centro de evacuados: no quería salir. Los otros niños ya jugaban afuera, porque el agua había bajado, aunque el drama quedaría. Niel fue a buscarla y le dijo: "Hola, ya no llueve. Afuera hay un sol hermoso". La tomó de la mano y la acompañó a pasear a una placita cercana. La niña, mientras estaba aislada, seguía "oyendo la lluvia", o mejor, el agua que se llevó todo.


































