¿Quién no ha tenido en estas últimas semanas que dejar la ropa lavada debajo de un ventilador, al lado del calefactor o frente a la estufita de cuarzo, a ver si se seca? Pasa un día y nada: la “pilcha” sigue húmeda, y si secó, por esas casualidades, le quedó olor a humedad. Los tenders domésticos están al límite de su capacidad. Que la ropa de los nenes, que la camisa para el laburo, que los toallones siguen mojados...


































