En la calle de ingreso a Colastiné Sur ya empiezan a aflorar unos objetos que serían extraños al paisaje de cualquier otro barrio: tanques de cemento o de plástico y enormes bidones azules, ocupan los frentes de las viviendas, en lugar del habitual adorno de plantas y maceteros. Es que el acceso a estos recipientes desde la calle es clave: tres días a la semana pasa el "camión aguatero" a llenarlos del elemental líquido.



































