La terminal de ómnibus “Gral. M. Belgrano”, de la ciudad de Santa Fe, parece motivada por el receso de verano, por sus pasillos se respira la expectativa de gente que palpita nuevos aires para el descanso. El éxodo es inminente; de hecho, ya ha comenzado. Pasaron días de intenso movimiento, personas que llegaron y otras que se fueron, historias que se cruzaron. La terminal, en época de fiestas es una posta de gente, historias que vienen y que van. Pero después del cierre de año, o de la bienvenida del año nuevo, la terminal parece extasiada. La gente tiene una mezcla de expectativa por lo que viene y cansancio por lo que se fue. Las personas reposan sobre los bancos, algunas con posturas que parecen comunicar más una derrota deportiva que el entusiasmo de las vacaciones, a la espera del colectivo que los llevará a su destino. Otros parecen agazapados al viaje, detrás del cristal de las puertas que separan a las plataformas donde resuenen los motores y al interior de la terminal. Las boleterías reciben gente, pero ya no ven colas “abarrotadas” de gente; muchos de los pasajes ya han sido vendidos.


































