-A propósito de esto, los dos goles de Maradona a los ingleses en el Mundial de México ‘86, uno con la mano y el otro el mejor de todos los tiempos, a sólo cuatro años de Malvinas, ¿marcó algo en el mito que ya estaba, según usted, gestándose?
-Sí, claro que sí. Veámoslo así: con haber ganado ese campeonato mundial, ya con eso creo que alcanzó. Maradona ganó ese mundial y el del ‘78, enturbiado por la dictadura: a éste último lo legitima justamente en el ´86. Pero para colmo, los dos goles a cuatro años apenas de Malvinas; y para colmo, exactamente esos dos goles, y no cualquier otro tipo de goles. Ésos.
Me detengo en el primer gol (con la mano), que representa la idea del “plebeyo que vence al poderoso con las armas del pícaro y del pobre”; el segundo, algo irrepetible. Todo esto no se finge, no hay impostación: no hay relato ni ficción ni guión. Eso pasó así como lo vimos. Una ex alumna me recordaba una frase muy graciosa: “Maradona en México fue un metro y 60 centímetros de ‘gronchés’ (sic) desparramando ingleses para todos lados”.
-Con respecto a los elementos de construcción del mito popular. ¿Es comparable a Maradona con los mitos de Gardel y Evita, por ejemplo?
-Sí, en alguna medida. Se tratan de fenómenos sociales que no necesitaron de un artefacto mediático. No hay relato: la voz de Carlos Gardel está ahí; la máquina de coser o el discurso de Evita el 22 de agosto del ‘51, y la pelota en Villa Fiorito están ahí. Son cosas con mucha materialidad: la construcción viene después, está fundada sobre esa materialidad previa, no es un relato en el vacío.
No hay ficción. Hay relatos colaterales sobre la “santidad” de Eva, o sobre que Gardel “cada día canta mejor”. Claro, pero eso viene después, después del dato material que deja cada cuerpo (Gardel, Evita o Maradona) puestos en acción en la vida real. Lo que se pone en crisis es la idea de construcción, porque construcción remite a invención, y no la hay. Es lo real lacaniano, lo innegable. Todo aquello existió. Aquí la idea de relato, tan posmoderna, también tambalea.