"Son dos árboles muy añosos y están en un proceso de decrepitud por senescencia. Los árboles pueden vivir muchos años pero no son eternos y atraviesan este proceso natural de senescencia, más en un ámbito urbano, que es muy distinto a uno natural", destacó la ingeniera agrónoma Milagros Gasser, coordinadora de Arbolado Urbano, en diálogo con El Litoral.
































