Si bien en la casa de María Eugenia Rodríguez siempre se respiró arte, en la medida en que siempre hubo gente que pintaba (“se ve que algo llevo en la genética”, reconoció ella misma) su propia vocación fue tardía. Arrancó hace poco más de un lustro, cuando esta ingeniera en Sistemas santafesina decidió ingresar a la escuela de dibujo y pintura Buhaje, con el artista y docente Juan Buhajeruk y dio sus primeros pasos dentro de ese mundo. Más adelante, cuando ese primer referente falleció, continuó su formación bajo la tutela de la profesora Ana Contini. “Son mis primeros pasos, estoy en un proceso de continuo aprendizaje”, enfatizó.

































