Nidia Maidana Maciel
Reúne obras textiles de Daniela Arnaudo (2018–2025), que nacen del hallazgo de los cuadernos de su bisabuelo: dibujos de animales que hoy se transforman en escenas bordadas a mano sobre textiles antiguos de su linaje familiar.

Nidia Maidana Maciel
"Años de bordar hilos como bordes, de sujetar los sueños-fronteras, de perturbarse y callar". Laura Haimovichi.
La palabra bordar tiene un origen incierto, quizás provenga del germánico brŭzdan, y esté influenciada por el término borde. Como la acción de bordar tiene un origen remoto en el pasado de la humanidad. Sin embargo, hay más certeza sobre el lugar que el bordado ha ocupado históricamente: los bordes. Bordes literales en enorme cantidad de textiles; simbólicos y políticos en la lista de tareas cotidianas; prejuiciosos en el campo del arte.
No obstante, es labor destacada en el cúmulo de tareas de las mujeres. Hace poco leí esto: el bordado era un modo de inculcar femeneidad a las mujeres, bordar las hacía dóciles y pacientes, hogareñas, dispuestas al trabajo, dedicadas futuras esposas, madres prometedoras.
Estas líneas me condujeron a compulsar pinturas y fotografías sobre las bordadoras. Las imágenes muestran a mujeres de todas las edades, niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres maduras, muy ancianas, solas o en grupos, en dúos de madres e hijas, de todas las extracciones sociales, en recintos cerrados o a pleno aire.
El rasgo común es que las bordadoras están sentadas, tienen la espalda semi-encorvada, la mirada puesta sobre la tela. Como en un rezo. Son cuerpos pasivos, dóciles, sumisos, hechos objetos.
"Días de Fuego" pone en escena al bordado, mixturando los textiles de Daniela Arnaudo, bajo la curaduría de Ana Volonté, con textos poéticos de Norma Cabrera, performance a cargo de Cecilia Mazzetti y el acompañamiento de Silvia Debona.
La vida de Daniela es el hilo con que se suturan las distintas dimensiones de esta propuesta, su biografía, su género, las herencias familiares, su hacer como artista visual, actriz, performer instalan esta propuesta del lado de las resiliencias.
"Días de fuego", desde la genealogía personal de la propia artista, encarna una épica para esas mujeres que bordan desde las pinturas o desde las fotografías.
"Su mirada, que perforó la noche vuelve sobre la tela. Teje la luz". Laura Haimovichi.
Hay una obra que se descubre hacia el final del recorrido "La gran medida del silencio". Es una pieza apaisada, donde animales domésticos y salvajes, insectos, aves, reptiles, seres fabulosos colman el espacio de la tela, a veces enredados en cortinas vegetales, en una organización donde no hay arriba ni abajo o, mejor dicho, donde las perspectivas se entrecruzan al igual que los puntos del bordado, los tamaños de tantos bichos, algunos apenas bocetados con una línea de puntadas demarcando el contorno, otros, intensamente recamados con puntos que los destacan.
Hay animales que clavan sus garras sobre otros, unos que parecen en plena metamorfosis. Hay plantas, muchas con espinas. Casi toda la tela está ocupada con bordados, huida del horror vacui.
García Lorca escribe un poema en su Romancero, sobre una monja gitana que está bordando. Monta en el poema la escena misma del bordado, construye el recinto (mirto y cal) y atiende especialmente al tiempo lento, detenido, del bordado, donde imaginación, vigilia y sueño parecen fusionarse.
La gitana borda alelíes sobre un mantel de altar, pero sueña con bordar / flores de su fantasía. / ¡Qué girasol! ¡Qué magnolia/de lentejuelas y cintas!/¡Qué azafranes y qué lunas,/en el mantel de la misa!
El poema nos invita al juego de las comparaciones con esta obra. Las semejanzas: la acción de bordar se ha detenido casi dos años sobre "La gran medida del silencio" (2018-2019); también es un mantel de altar, de altar mortuorio. Si bien son dos las bordadoras, Daniela y su madre, en esa acción empírica, doméstica, performática se lega un saber hacer, como la monja gitana repitiendo un saber adquirido: los alelíes de su bordado.
Las diferencias: la cualidad del momento en el bordado de Daniela, no es el momento de la iridiscencia de los caireles, ni el del cálido aroma de toronjas endulzándose, como en el poema lorquiano, es el de la artista atravesando la noche del duelo y perforándola con su mirada. Perforando, con paciencia y agujas, la tela mortuoria, atravesándola con hilos que dibujan, imaginándolo, el paisaje subjetivo de su duelo y su dolor. Se integran a este paisaje, replicados, los dibujos que su abuelo alguna vez realizó en el margen de un libro contable, otra herencia incorporada a su obra.
En los imprescindibles marcos teóricos que Michel Foucault produce para pensar el Siglo XX, propone revisar el vínculo entre la Historia y sus relatos. Aquí, la noción de genealogía surge para desmitificar los mitos de los orígenes únicos, esencialistas y dar paso a la presencia constante de la dispersión, de las líneas de fuga.
¿Cuál es el origen de "La gran medida del silencio"? ¿El dolor del duelo? ¿La relación de Daniela y su mamá bordando esa tela? ¿Los dibujos del abuelo? ¿La svercha? Los orígenes son múltiples, es una emergencia, diría Foucault: el lugar donde se enfrentan los distintos, un intersticio donde algo se produce, pero donde nadie es responsable de lo que emerge.
Esta obra es el intersticio artístico desde el que se expande toda una genealogía creativa emergente: por eso en el recorrido de los, retornan los pájaros, los insectos, los seres mágicos, pero su retorno se juega en las diferencias, en lo distinto. De la svercha coral a la toalla o carpeta particular; del insecto al bicho kafkiano; de las aves a pájaros suicidas o a teros carniceros; de los seres mágicos a los animales apocalípticos…
Es que, la construcción de la genealogía implica la percepción de la singularidad de los sucesos; volver a encontrarlos allí donde menos se espera para reencontrar las diferentes escenas en las que han jugado papeles.
"Días de fuego" construye esta micro genealogía de una artista mujer que elige el bordado y libera en las telas heredadas, su modo subjetivo de estar y palpitar el mundo. Desde aquí discute y resiste contra una Historia de Género, que obliga a las mujeres, como la monja gitana, a bordar flores sobre las telas.
"Ha pasado años viajando alrededor de esta cocina de cacerolas herrumbradas". Laura Haimovichi.
Con "Días de Fuego" las salas de La Josefa transmutaron en recinto sagrado: al ingresar, nos reciben paredes móviles que parecen retablos de iglesias sobre los que las piezas bordadas de Daniela, semejan reliquias consagradas de algún culto antiguo…en tanto reliquias conservan los fluidos corporales de sus dueños, sangre en las sábanas, manchas en los pañuelos.
Sobre una pared blanca, como una oración, está escrito el nombre de la muestra, no hay texto curatorial sobre esa pared…el texto se encuentra diseminado en numerosas y minuciosas cartelas incrustadas en las paredes-retablos. Cada cartela aporta una información extensa, rica, una narrativa sobre los textiles, sobre la artista, sobre los contextos de su producción.
Para leerlas, hay que acercarse, agacharse un poquito, y, cuando se alza la mirada ¡¡¡ se ven!!! las texturas de las telas, la meticulosidad de las puntadas, el destaque de los agujeros acentuados con hilos dorados del kintsugi textil. Ana Volenté, diseña desde la amorosidad esta curaduría, despliega estrategias movilizadoras para lxs visitantes, transpone, el arte textil de Daniela, a una dimensión vibrante, aurática.
Junto y con las decisiones curatoriales, están los textos de Norma Cabrera, que vuelven a resituar "Días de Fuego", esta vez, cerca de la dimensión épica. Leer su relato sobre "La cocinera" incluido en la hoja de mano, impregna con otros sentidos.
Liliana Bodoc escribe una saga imposible compuesta por tres novelas donde intenta redimir en la literatura, la crueldad de la conquista y colonización de América. La última novela, se llama "Los días del fuego" ¿Cuál es el punto de contacto? El eco en el título de esta muestra, trae el nombre de una escritora mendocina que cerca del siglo XXI se propone escribir novelas épicas.
Resistir a la colonización escribiendo. En "La cocinera", Norma explora la discursividad barroca de la épica y erige a Lezna, la cocinera inmortal, su personaje.
Le pregunto a Daniela sobre "La cocinera". Me cuenta que es la primera vez que invita a compañeras de su hacer escénico teatral a una muestra. Que Cecilia Mazzetti es la performer que la corporiza. Que "la cocinera" la ha acompañado en distintas obras del colectivo escénico Andamio Contiguo en las cuales participó como actriz y que además está asociada a su bisabuela que era cocinera en el campo y desde que se levantaban hasta que se acostaban cocinaban para esperar a los hombres que venían de trabajar.
Nuevamente el poderoso vínculo de la sangre. El relato familiar hecho épica en los bordados. Una épica implícita en lo que se ve, para armar con las diversas dimensiones de lo emergente. Resistir la muerte, el olvido, la destrucción de la Pachamama, bordando.
¿Cómo regresa nuestra mirada a las obras de Daniela luego de haber leído estos textos? ¿De haber presenciado la performance y percibido sus aromas? ¿De qué nuevas miradas somos capaces?
La muestra cierra el domingo 17 de mayo. se podrá visitar este jueves 14 y viernes 15 por la mañana, de 9:30 a 12:30 horas y por la tarde: el jueves 14, viernes 15, sábado 16y domingo 17, de 17 a 20 horas.




