La Primera Guerra Mundial fue una de las más grandes y crueles heridas que se auto infligió la humanidad. Entre los horrores de ese conflicto, aparece la introducción de gases venenosos, una de las innovaciones más temidas y, lamentablemente, efectivas. La utilización de cloro, fosgeno y gas mostaza buscaba causar muertes, pero también incapacitar a las tropas enemigas y desviar recursos médicos para el tratamiento de los heridos.




































