Por Federico Walker | deportes@ellitoral.com (*)

Por Federico Walker | deportes@ellitoral.com (*)
El trabajo de campo investigativo es fundamental si queremos recontar una historia que tiene casi 24 años de antigüedad, y qué, si nos paramos en el calendario y marcamos con una fibra mixta de colores rojo y negro, el 6 de octubre de 1996 nos lleva a una de las anécdotas más recordadas por aquellos que ya pintan canas.
Entonces, las bondades de la tecnología nos ayudan un montón y uno de los primeros mensajes que recibimos fue de aquel fortachón capitán que con orgullo portó la cinta blanca en el brazo izquierdo. Nos referimos a Eduardo “he-man” Amherdt.
“Cómo no vamos a aportar algo de aquella hermosa historia de un campeonato que fue inolvidable. Me tocó en gran parte del torneo ser el capitán de aquel equipo de hombres”. Escuchando el audio, la voz apenas quebrada para no interrumpir el relato de aquel número 2 marcaba la nostalgia.
“Recuerdo la interminable caravana que nació desde Esperanza, pasando por San Wendelino y ni hablar cuando llegamos a la localidad. Son recuerdos imborrables para uno que vivía el fútbol con tanta pasión, no sólo como jugador sino como hincha de la institución”.
El 6 de octubre de 1996 es una fecha casi sagrada para Libertad en fútbol. Es recordar siempre aquella tarde de domingo donde Libertad venció 3 a 0 a Sarmiento de Humboldt en cancha de Mitre de Esperanza en el tercer y definitorio partido de la finalísima de la L.E.F. Y se cuenta así, siempre así, con goles de “Marcelito” Humeler y el golazo de Flavio Della Giustina para romper un maleficio que significó 35 años de sinsabores.
“Lo primero que se me viene a la mente es que sin lugar a dudas, fue la consagración más grande que tuve como jugador del club. Y creo que para la mayoría de los compañeros, dirigentes e hinchas también. Fueron 35 años de frustraciones, de estar cerca y nada. En años donde se hacían muchos esfuerzos económicos, donde se traían jugadores de afuera, aquella temporada se apostó por otra cosa, enfrentar el torneo con un plantel local, con un técnico de San Jerónimo como Ernesto Neffen, teniendo una base de jugadores con experiencia y pibes que fueron aportando a aquella hazaña imborrable para todos nosotros”, se refirió Andrés “vaguito” Zurbriggen, uno de los jóvenes de aquel plantel, protagonista por ejemplo, de uno de los triunfos más recordados de aquel año, el 7 a 0 sobre Central San Carlos como visitante, donde el volante fue el autor de uno de los goles.
“Y hoy no se nos escapa”, frase que utilizó Andrés “blanco” Oggier, hombre de pocas palabras, pero con mucha presencia en la mitad de la cancha, un cinco con despliegue y de buen pie. Recordó que “La Ventanita” del grupo Sombras fue el clásico más escuchado en los vestuarios y que la buena onda reinaba en el plantel.
“En la tercera final, antes de entrar a la cancha de Mitre, por los altoparlantes se escuchó la clásica canción que nos acompañó durante el año; nos miramos entre todos y sabíamos que no nos podíamos defraudar”, añadió.
En un campeonato que se consigue, todos los encuentros son importantes pero los clásicos son partidos aparte. Y justamente, por aquellas épocas, Libertad Unión de Santa María era uno de los más importantes de la liga. Néstor Wolken, uno de los más jóvenes de aquel equipo recuerda los encuentros frente al “rival de siempre” en cuartos de final.
“Me acuerdo la cantidad de gente que acompañó en ambos partidos. Imposible no recordar el viento que hubo en aquel partido de ida como visitante donde perdimos 2 a 0. Luego en casa, ganamos 6 a 0 con un ambiente impresionante. Con los años uno empieza a graficar en la cabeza lo que significó aquel torneo”, detalló.
Javier Favre, volante ofensivo y quien defendió la camiseta de Libertad con más de 40 años en su haber, recuerda que el “campeonato del 96” siempre tendrá un sabor especial. El hombre que se calzó la casaca rojinegra en los 21 partidos, recuerda lo siguiente.
“A casi 24 años de aquella recordada historia, no puedo dejar de decir que fue especial porque fueron muchos años de sequía. Recuerdo los partidos por la zona sur contra Unión de Santa María, Unión Progresista, contra Santa Clara que siempre fue un rival duro para nosotros en uno de los pocos encuentros que perdimos en el año”.
“Para mí fue increíble, mi primer año como titular en la primera de Libertad, la confianza que depositó en mí “gallina” (Ernesto Nefffen). El grupo era espectacular, todos de San Jerónimo Norte lo que aumentaba el sentido de pertenencia”, agregó.
De los experimentados, ya citamos a Eduardo Amherdt pero hubo otros que también fueron parte de aquel mix generacional como Marcelo “tati” Magnín.
“Un recuerdo imborrable. Quedará grabado para siempre, por muchísima gente que hoy nos trae a la mente aquel equipo. Eran muchos años de quedar en el intento. Para mi gusto, fueron demasiados años sin conocer la gloria, fueron muchos los muy buenos jugadores que pasaron por el club y no tuvieron la oportunidad de salir campeones. Fue un grupo muy especial, un plantel con jugadores de experiencia y una camada de pibes con mucha fuerza por detrás que a la postre, lograron una enormidad de campeonatos luego de aquella temporada tan especial”.
El hombre de la tercera final. El “siete bravo”, el de espadas para aquella jornada histórica. Marcelo Humeler, autor de dos goles en aquel inolvidable 3 a 0 sobre el aurinegro humbolense.
“Te puedo contar que fue un año atípico. Veníamos de tantas malas que hasta algunos querían dejar de jugar. Recuerdo haber tenido muy buenos compañeros siempre, ser parte de buenos equipos, pero nos quedábamos con el sabor amargo. Costó mucho armar el plantel en el 96, pero recuerdo lo que significó Ernesto Neffen porque fue hablando con cada uno y despacito fuimos armando un gran plantel, un excelente grupo humano”.
“No éramos un excelente equipo, pero no desentonábamos. No éramos ni más ni menos que nadie. Fuimos avanzando y entre todos buscando lo que tanto nos costaba. Recuerdo mucho aquellas tres finales, todo el pueblo hablando de los partidos que se nos venían frente a Sarmiento y en la cabeza no había otra cosa. Te puedo asegurar que fueron las semanas más largas, pero convencidos de algo; que esta vez no se nos podía escapar”, detalló.
Il capo cannoniere, el enamorado de la red, el matador. Flavio Della Giustina otro de los grandes protagonistas de aquel año inolvidable. Con 17 goles fue quien más festejó y el que más abrazos recibió en cada una de sus conquistas.
“Fue un año que habíamos arrancado con un técnico nuevo con un planteo en el cual nunca habíamos jugado. De mitad de cancha hacia adelante, jugábamos con tres delanteros y tres mediocampistas de los cuales uno solo marcaba. Éramos un equipo muy ofensivo que hacíamos muchos goles pero que también nos convertían bastante seguido. La primera fase la ganamos con bastante tranquilidad. Recuerdo mucho aquel partido de ida en cuartos de final contra Unión de Santa María. Perdimos 2 a 0 y algunos fantasmas de frustraciones pasadas volvían a aparecer. En la vuelta ganamos claramente, en lo que a mí parecer fue nuestro mejor partido”.
“Aún recuerdo esas 1500 almas que nos acompañaron en cancha de Mitre durante la tercera final y el recibimiento posterior con una caravana interminable, a paso de hombre y con abrazos muy sentidos”, detalló el delantero. José Luis “cochi” Heldner, pieza clave por la derecha en la defensa rojinegra fue otro de los jugadores que tuvo un gran porcentaje de presencias en aquel torneo.
“Jamás en la vida nos vamos a olvidar de ese día. Puedo asegurar que la gran combinación que tuvo aquel equipo fue tener una buena base de jugadores con experiencia y varios chicos con un envión impresionante”.
“La final con Sarmiento fue increíble ya que nos enfrentábamos a un gran equipo. Recuerdo que faltaban algunos minutos para terminar el partido y a pesar de estar ganando por una buena diferencia, no dejábamos de meter, de correr y de seguir enchufados porque no queríamos ninguna sorpresa. La gente en la tribuna no paraba de gritar hasta que el árbitro Ramón Acosta tocó el silbato. Ahí nos dimos cuenta que lo habíamos logrado. Hoy con orgullo cuelga en una las paredes de mi casa, el cuadro de aquel plantel campeón”, resumió. Pablo Del Rosso, el arquero titular, había arribado a Libertad en 1995, un año antes de la temporada consagratoria.
“Recuerdo los partidos finales del torneo. Tengo en la memoria que había una ronda clasificatoria y que después llegaban los encuentros ida y vuelta. Los partidos contra Unión de Esperanza, Unión de Santa María, las semifinales frente a Bartolomé Mitre y la final contra Sarmiento de Humboldt”.
“Tenía apenas 21 años y era uno de los que recién estaban en el equipo. Recuerdo un plantel con muy buen material. Jugadores con mucha experiencia en primera división y una camada de nuevos futbolistas que llegaban para aportar lo suyo. Lo que hoy tantas veces se reclama en el futbol profesional, aquel equipo lo tenía y era admirable el sentido de pertenencia. Fue la clave de ese grupo que se armó. Uno fue mimetizándose con ese mensaje, el defender a un club, a un pueblo o la tradición de jugar con un plantel local”, apuntó. Andrés Beresvil, uno de los arqueros suplentes junto a Diego Imsant fue quien también aportó su mensaje.
“Creo que luego del campeonato del 96, marcó un antes y un después porque trajo innumerables alegrías posteriores. Tuve el placer de pertenecer a un plantel extraordinario y en lo personal, aprendí mucho de Pablo Del Rosso. Un excelente compañero y un arquero completo. Recuerdo a todo San Jerónimo Norte vestido de rojo y negro. Aún tengo en mi memoria visual la impresionante cantidad de gente que nos acompañó, sobre todo en los encuentros finales”.
Hubo dos jugadores que por lesión y acumulación de tarjetas amarillas no pudieron estar en las definiciones pero que fueron parte de aquellos futbolistas que más jugaron. Hablamos de Rubén “quique” Martinelli y Hernán “choni” Amherdt.
“Una alegría enorme a pesar de mi lesión en la rodilla que me sacó de las finales. De igual forma, el dolor personal no lo mido con la misma vara que lo conseguido grupalmente. El salir campeones significó romper con un maleficio de 35 años. Recuerdo las concentraciones en San Wendelino antes de los partidos más importantes del año, las semifinales frente a Mitre y los partidos definitorios frente a Sarmiento de Humboldt. Un grupo excepcional y un recuerdo imborrable”, apuntó Martinelli.
“Fue uno de los campeonatos más emotivos. Pensar que Libertad presentaba unos planteles impresionantes cada año y lamentablemente nunca se podía lograr la vuelta olímpica. Para mí, fue un tremendo orgullo haber pertenecido a ese plantel. En lo personal, entiendo que fue de menor a mayor ya que había comenzado como suplente y después fui ganándome la confianza del entrenador. A base de mucho sacrificio y goles me fui ganando la titularidad”, recuerda Amherdt.
Y justamente Leo Kuñichek, quien había dejado de jugar unos meses atrás luego de estar presente en algunos encuentros en división reserva fue convocado por el entrenador para ser parte de aquel partido frente a Sarmiento en cancha de Mitre. Y entre tantas cosas del fútbol, aquella tarde del 6 de octubre de 1996 fue el partido debut en primera división y despedida para el volante que luego sufrió una pubalgia alejándolo de la actividad.
“Debe ser muy difícil contar en resumidas cuentas lo que fue aquella hazaña. Se me juntan un montón de cosas lindas de aquel partido. Hacía tres meses que había dejado de jugar cuando me vino a hablar Ernesto. Recuerdo haber jugado el primer tiempo en reserva durante el primer partido de la final y luego, por la acumulación de tarjetas amarillas de “choni” me encomendó la responsabilidad de jugar aquel tercer partido. Aún tengo en la cabeza las indicaciones de “gallina”, el juego pasa por Salvetti, no quiero que lo dejes jugar, te quiero pegado a él”, recordó.
“El peso del debut y con muy poco rodaje de futbol. Puse la cabeza en otra cosa y tratar de hacer lo que el entrenador me había encomendado. Me acuerdo el calentamiento pre competitivo detrás de la tribuna de Libertad, la entrada a la cancha con el recibimiento de la gente fue una cosa inexplicable. Soy un agradecido de por vida”, resumió.
Carlos Maciel, otro de los futbolistas de aquel heroico año futbolístico también expresó lo suyo: ‘Un año muy especial. Sin lugar a dudas, y creo que después del nacimiento de mis dos hijas fue uno de los regalos más lindos que me dio la vida‘.
‘Haber sido parte de ese plantel fue un orgullo, un grupo humano excelente, muy humilde. Jugadores de la talla de Eduardo Amherdt, Marcelo Humeler, tipos que cuando estábamos en inferiores los veíamos y nos imaginábamos estar junto a ellos en primera división‘.
‘Mi homenaje es también para recordar dos personas que ya no están más junto a nosotros. Por un lado, me refiero a Mauro Chiavarini; uno que se fué demasiado jóven, un personaje que hoy todavía se extraña. Una persona que le encantaba el buen humor y lo transmitía al grupo. Y por supuesto, a nuestro entrenador, Ernesto Neffen, un pilar fundamental de aquel año. Logró algo que muchos no pensaban que iba a suceder, un técnico muy positivo que con sus locuras también pudo expresar un mensaje que el grupo pudo interpretarlo a la perfección‘, cerró.
Y Ernesto “gallina” Neffen ya no está entre los mortales. Al hombre que le habían encomendado la tarea de dirigir un plantel con mucha hambre de gloria y como se describió en varias líneas, con mucho sentido de pertenencia. De aquel cuerpo técnico, Raúl “pecke” Piñero fue ayudante del entrenador y recuerda así un año inolvidable:
“6 de octubre de 1996. Para muchos, un día más, un domingo más, pero no así para todos los corazones y almas rojinegras. Y qué decir, qué expresar, resaltar o destacar. Si aunque haya transcurrido todo este tiempo, parece que fue ayer. Todo viene a la memoria tan rápido y fácil que cada cosa se pudiera contar con lujo de detalles y unas cuantas lágrimas en los ojos.
Y en el corazón orgulloso del hincha del querido y glorioso Libertad, más todo un pueblo que lo vivió en carne propia, que lo hizo suyo y que lo festejó como algo largamente anhelado y esperado, y por qué no, merecido.
Libertad campeón 1996. Qué lindo momento, inigualable quizás, hermosa emoción y gran alegría para tanta gente, para tanto esfuerzo, para tanto sacrificio y para todos los que formaron parte de ese gran sueño. Sin nombres propios (aunque fácil es recordar quienes fueron artífices del mismo). Sin distinción de edades, ya que con estar en ‘la caravana‘ de la tardecita de aquel glorioso domingo, se podía ver a todas las generaciones (niños, jóvenes, adultos y abuelos) disfrutando de tan inmensa alegría. Todo fue muy hermoso, todo fue muy festejado, celebrado hasta muy entrada la noche (el lunes 7 hubo varias ausencias en los lugares de trabajo).
Lo más destacable fue ver que todos nos unimos en un mismo y fuerte abrazo. A título personal, agradezco infinitamente a aquellos que me permitieron ser parte de ese hermoso sueño”.
Libertad inscribió varias estrellas más luego de aquella de 1996. Llegaron las consagraciones del año 2000, 2004, 2005, 2008, 2009, 2010 y 2011 marcando una supremacía que no refuta oposición alguna. Ésa es otra historia de contar porque ahora nos quedamos con ésta, la del inicio de tantas alegrías juntas y que muchos anhelarían que vuelvan.
El plantel:
Eduardo Amherdt, Hernán Amherdt; Andrés Beresvil; Mauro Chiavarini, Ariel Chervat, Pablo Del Rosso, Flavio Della Giustina; Marcelo Della Giustina; Javier Favre; José Luis Heldner; René Hoffmann; Marcelo Humeler; Diego Imsant; Martín Jacquier; Leo Kuñichek; Damián Luque;
Carlos Maciel; Marcelo Magnín; Rubén Martinelli; Andrés Oggier; Luciano Oggier; Hernán Sattler; Fabián Walker; Néstor Wolken; Andrés Zurbriggen; Hugo Zurschmitten. Cuerpo Técnico: DT: Ernesto Neffen; Ayudante de Campo: Raúl Piñero; Masajista: Cirilo Claussen; Ayudante: Rubén Della Giustina.
José “Ponti” Humeler entró hace 59 años en la historia grande del Club Atlético Libertad. No sólo por integrar aquel plantel que logró el primer título en la máxima categoría de la Liga Esperancina, sino también por ser el autor del tanto que le permitió al conjunto valesano llevarse el tercer partido y la copa a San Jerónimo Norte.
En diálogo con El Litoral Humeler recordó aquella gesta y la primera estrella de las nueve con las que actualmente cuenta Libertad, siendo el segundo equipo con más título en la historia de la liga.
“Teníamos uun plantel amplio y muy completo y como en todo equipo íbamos jugando los que estabamos en mejores condiciones cada fin de semana. Todo bajo las órdenes del Diector Técnico Bernado Rodríguez, una persona con un amplio conocimiento y que esa sabiduría nos llevo a conseguir el primer campeonato para Libertad”.
Humeler recordó que en aquella época se jugaba un sólo torneo de dos zonas, donde los ganadores de ambos grupos se enfrentaban en una final por el título de campeón de aquel año 1961.
“Nosotros ganamos nuestra zona y Atlético de Franck hizo lo propio en la otra. Jugamos la primera final en Franck donde nos ganó Atlético y luego en el segundo partido ganamos nosotros acá en San Jerónimo. A raíz de ello jugamos un nuevo partido en Esperanza, en cancha de Mitre, para definir quien se iba a quedar con el torneo de ese año. Allí ganamos nostros 1 a 0, con un gol mio. Fue una alegría inmesa que nunca voy a olvida”.
Con aquel gol ante Atlético de Franck en Mitre, Humeler se convirtió en el autor del tanto que le dio el primer campeonato grande a la institución rojinegra. “La alegría fue muy grande, cuando llegamos al pueblo se festejó muchísimo. Luego unos días despúes de esa hazaña se hizo una cena en el Salón de la Sociedad Suiza. Un hermoso recuerdo me quedó de ese festejo y del título de aquel año. Fue muy recordado en el tiempo porque luego tuvieron que pasar 35 años para que Libertad pudiera ser campeón nuevamente en cancha de Mitre”.
(*) Fuentes consultadas: El Colono del Oeste (Esperanza). La Revista del Club Atlético Libertad (San Jerónimo Norte).




