No despertó el interés suficiente, pero a 47 años resulta casi impensado suponer que pueda volver a repetirse. Colón organizó un torneo cuadrangular y tuvo la brillante idea de aprovechar un año de gira de Boca y River por el interior del país (se cansaron de disputar clásicos para recaudar dinero) e invitar a Unión, que en ese momento militaba en el torneo de ascenso. La idea fue jugar los dos clásicos en primer término, uno detrás del otro en la misma jornada y con todas las hinchadas; y tres días después, la final por el título y el partido del tercer puesto. Se iban a disputar todos los partidos en la cancha de Colón, pero luego Colón cedió la posibilidad de disputar en la cancha de Unión la jornada decisiva, seguramente teniendo en cuenta que el clásico santafesino había culminado con la victoria del Tate en la definición por penales. El contador Carlos Salerno era el presidente sabalero y Súper Manuel Corral el de Unión.

































