Martín Palermo fue en Boca un goleador de película y tenía que tener un final así, como el de esa fría del 12 de junio de 2011. Tras el empate ante por la anteúltima fecha del torneo Clausura, cerca de 55.000 almas vieron emocionadas cómo un levantaba el arco que daba a Casa Amarilla, para que él se lo llevara para siempre.































