Basta una anécdota muy recordada ocurrida momentos antes del debut de la Selección Argentina en el Torneo Esperanzas de Toulon (Francia), en 1975, para dar cuenta de la razón del título de la presente nota. Previo al estreno del equipo nacional en el certamen, el plantel completo asistió al encuentro que abrió el mismo. Los 16 muchachos que completaban la delegación miraban con admiración desde las gradas, el poderío físico de los protagonistas del partido inaugural. Observaban preocupados y por dentro seguramente sentían que sería imposible vencerlos.

































