Pasaron 9 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial para que la Copa del Mundo retornara a Europa. Por las consecuencias económicas y estructurales que sufrían algunos países, Suiza fue elegida para ser sede de la competencia ya que era la única nación con la infraestructura adecuada. Argentina continuaba con su negativa a los compromisos internacionales en Europa y no participó.

































