"La relación con Santi Mele se venía dando en una Iglesia, donde yo asisto. Se enteraron de que era arquero de la Selección, aunque yo siempre intento ser perfil bajo porque no me gusta andar diciendo, pero me descubrieron. Después me empezaron a pedir videos y se lo mandaron a él. Lo cargaban un poco diciéndole: "¡Vos te hacés el guapo porque tenés los dos brazos, pero acá tenemos un arquero que ataja con un solo brazo". Entonces, Santiago se empezó a interesar por venir al entrenamiento. Yo no quería que fuera para evitar inconvenientes por Colón pero vino igual. Ya no había nadie de gente cuando llegó porque había terminado el partido. Yo estaba trabajando técnica con mi nene, me di vuelta para buscar la pelota y estaba parado atrás observando. Se sacó la capucha y me dio un abrazo. No me dio tiempo a pensar. Me fue llevando. La verdad, para la edad que tiene, que tenga tanta madurez y la forma de desenvolverse tan humildemente, es lo que más me ha sorprendido porque se quedó una hora y media trabajando. Me sugirió algunos ejercicios, me corrigió y me puso muy contento. Esas cosas para mí tienen mucho valor. Una charla de colegas, como si me conociera de toda la vida. Parecía que éramos amigos. Me demostró la humildad que tiene".