Por Darío Pignata - dpignata@ellitoral.com
El “Tata” Martino o el mismo Falcioni se hubieran ido solos anoche de Colón antes de que alguien les preguntara por su continuidad: tres derrotas consecutivas, 5 puntos sumados de los últimos 21 en juego y las tribunas ardiendo de insultos contra todo el mundo: los jugadores que juegan, los que no y _como es obvio_ los dirigentes metidos en el mismo paquete. Pero Astrada salió más rápido que nunca a la rueda de prensa, pidió calma y pareció tomar estos días de receso como un premio del destino para intentar acomodar un cuadro que está torcido por todos lados. Se sabe: el fin de semana que viene no habrá fútbol de Primera División como consecuencia de las elecciones presidenciales, con lo cual Colón volverá a jugar recién dentro de dos semanas contra Newell's en Rosario.
Acaso la fuerza de esa convicción para pararse delante de los micrófonos que, ante estas mismas circunstancias, supieron de renuncias previsibles en los últimos tiempos, la tiene Leo Astrada de sus tiempos de jugador. Y acaso también, aunque de poco le sirva a la hora del balance para reconstruir a este equipo, se tiene que destacar algo: más allá de algún reclamo puntual, los insultos de la gente en el final ni lo rozaron al actual entrenador sabalero, que admitió estar “muy fuerte” para sacar a Colón de este pozo.
De todos modos, que el “Jefe” aparezca convencido de sus ideas como conductor y que la gente no se la agarre con él cuando sí lo hace con todos los otros, no lo exime de sus responsabilidades como encargado futbolístico de lo que hoy le pasa a Colón. Esas responsabilidades van desde el armado del equipo con jugadores que evidentemente no ofrecen respuestas y, sin embargo, siguen apareciendo, hasta la repetida historia de hacer los mismos cambios que nunca cambian nada cuando Colón necesita ganar un partido que va empatando, o empatar un partido que va perdiendo. Porque anoche, cuando, en una diferencia de apenas siete minutos, Astrada quitó del campo a Centurión y Falcón, era imposible esperar que Colón construyera fútbol. Y a los partidos como los de ayer, durante el cual un equipo se mete atrás para defender con ocho jugadores de campo que hacen las veces de escollera para su arquero, de la única manera que se los puede destrabar es con fútbol. Pero hoy Colón está bastante lejos de esa simple palabrita de seis letras. Y el primero en darse cuenta es Astrada, aunque ayer Leo deslizó que “el equipo no aprovechó las ocasiones que tuvo”, algo que es bastante discutible. Porque, a diferencia de los dos primeros partidos, contra Vélez y Arsenal, cuando el equipo fue una máquina de jugar bien, amontonar situaciones claras y despilfarrar goles increíbles, ahora este Colón en lo único que se parece a aquél es en el resultado vacío. Porque ya no hay fútbol que llene la vista, mediocampo que arrase, situaciones de gol que sobren a granel y sensación de “Cuando entre una....”, como sucedía antes. Por más que _insisto_ los resultados sean los mismos: se perdieron dos partidos seguidos de entrada y se llevan perdidos tres seguidos en lo que es, sin dudas, el momento más complicado de Colón en el campeonato. Que, por ahora, no lo es más que cuando el “Jefe” puso el pecho y la cara para hacerse cargo, en el final de la temporada pasada, de un Colón que estaba totalmente “boleta”, casi condenado con su promedio y resignado a jugar una de las promociones. Será cuestión, entonces, de repasar en estas dos semanas aquellos energizantes futbolísticos, anímicos y físicos que, hace apenas un puñado de meses, sirvieron para resucitar a un equipo que parecía enterrado en su propio cementerio y no justamente el de los Elefantes.
En un cráter desierto
Cuando un equipo pierde en el fútbol argentino tres partidos seguidos y apenas logra rascar 5 puntos de los últimos 21 que pone en juego, la preocupación fluye de manera automática en cualquier club. Mucho más, cuando lo que no sobra es promedio y cuando las circunstancias marcan que los otros “vecinos” de la zona del descenso más promoción están sobreviviendo mucho mejor de lo que uno se imaginaba en la sumatoria de puntos: Tigre, Jujuy, Argentinos y Newell's Old Boys de Rosario, por nombrar los casos más notorios en este rubro. Mientras los otros suman, Colón camina entre las piedras.
Si bien las urgencias están sentadas y centradas en el terreno futbolístico _se juega mal_ y matemático _obvio: no se suma_, la falta de respuestas anímicas es alarmante. Entonces, la ausencia de actitud casi siempre hace tambalear el resto físico: por más que el profe Macaya sea el mejor preparador físico del mundo, si la mente está en blanco para pensar, las piernas parecerán siempre cansadas. Colón tiene una grieta en su corazón, ni siquiera allí asoman respuestas.
El mejor ejemplo es el partido perdido en Santa Fe contra Independiente: esa noche, el equipo se fue ovacionado, a pesar de quedarse con las manos vacías de puntos. Pero la actitud fue totalmente distinta... Por aquello tan gastado en este juego de que “hay formas y formas de perder un partido”. Hoy, Colón juega mal y pierde de la peor forma: sin ofrecer alguna reacción de ningún tipo adentro del campo de juego.
Algunos jugadores sostuvieron, hasta este momento, la titularidad casi por cuestiones milagrosas. Pero el bajísimo nivel con el que le devuelven a Astrada la confianza es alarmante. Eso se traduce en lo colectivo: Colón es un equipo desconectado en todas las líneas.
Lo que hay que modificar
“Seguramente hay que cambiar muchas cosas en estos días hasta el próximo partido”, disparó Leo Astrada. A la luz de lo que se vio en los últimos partidos, hay que cambiar casi todo. El entrenador aparece con la decisión política tomada para dejar en claro que no se casa con nadie en la búsqueda de lo mejor para Colón. Anoche, en rueda de prensa, no le esquivó el bulto a la pregunta que le hizo el colega de una radio partidaria sabalera, respecto de lo incómodos que pueden estar los jugadores de mayor trayectoria _léase Tombolini, Píccoli, Esteban González, Jerez_ por haber perdido la titularidad. La respuesta por parte de Astrada fue más que contundente: “Yo manejo un plantel con 25 jugadores: a algunos les toca jugar y a otros, no. Quienes estén dispuestos a querer sacar al equipo de este momento, van a trabajar junto a nosotros”.
La tercera derrota consecutiva lo deja a Colón navegando por aguas más que agitadas y flotando con apenas algunas milésimas de promedio por encima de la línea de los arruinados equipos rosarinos _Rosario Central y Newell's Old Boys_ que hoy ocupan los dos lugares de la Promoción. Otra cosa que preocupa es la sensación de que todos están sentados en ese cráter desierto sin nada de fútbol, aguardando el temblor de verse adentro de la zona de Promoción.
La reacción de la gente se ocupó de los jugadores y de los dirigentes, pero ninguna llama del incendio lo quemó a Astrada. Al toque, el entrenador salió para dar la cara ante los micrófonos y decir que no piensa bajar los brazos, que encontrará nuevamente al equipo en estas ruinas. Fue lo único positivo, junto con el debut auspicioso de Prediger, en una noche para el olvido. Porque lo único que le hubiera faltado a esta semanita de Colón, sentado en un cráter desierto y aguardando el temblor, es perderlo a Astrada también.

































