“Es cierto que estamos atravesando un momento muy difícil de la pandemia, que exige las mayores precauciones y prudencia de cada uno de nosotros. A la vez, todavía no hay conciencia suficiente del daño educativo que la falta de presencialidad generó desde 2020, sobre todo en los sectores más vulnerables. Esto se debe, en parte, a la falta de información. Por ejemplo, no hay datos precisos sobre la cantidad de estudiantes que abandonaron por la pandemia –aporta Ignacio Ibarzábal, director ejecutivo de Argentinos por la Educación–. Apoyamos la decisión de los ministros y la voluntad de los sindicatos que han hecho posible el regreso a las aulas en marzo. Ahora atravesamos un momento bisagra: es fundamental que sigamos priorizando la educación. Esto exige mantener la presencialidad cada vez que sea posible, apoyando los enormes esfuerzos cotidianos de los docentes. Antes de cerrar las escuelas, los gobiernos deberían dar cuenta de esa decisión con sobrados fundamentos y suma transparencia”.