Ana María comentó, por otra parte, que hoy siente que se ha perdido un poco el sentido de pertenencia en la profesión: "Antes todas hablamos con ese posesivo de querer el lugar de trabajo: mi escuela, mi maestro, mis alumnos, porque lo que querías hacer era lo que hacías. No es que eso garantizaba que estuviera bien el trabajo, pero le poníamos alma, corazón y vida". Aunque también dijo entender a las maestras de hoy: "Cambió mucho todo. Las veo a las maestras que tienen que trabajar en varias escuelas, así no pueden llegar a conocer a los chicos ni a las familias, ni tienen tiempo de dar todos los temas del currículo, porque están con un grupo que tienen que pasar a otro. No es fácil".