“¡Tierra! Las luces de Long Island y Nueva York ahí delante!”, tuiteaba en la madrugada. Se acercaba a su fin una travesía épica en la que se embarcó Thunberg porque se niega a viajar en avión, dado el enorme impacto ambiental de volar. A bordo del Malizia II, un velero de 18 metros equipado con paneles solares, turbinas hidrogeneradoras y una pequeña desalinizadora para obtener agua potable, las condiciones eran espartanas, como se ha podido ver en los tuits que iba enviando periódicamente a sus aproximadamente 1.145.000 seguidores en la red social. No había cuarto de baño y la luz era escasa en la cabina de esta embarcación con varios cruces del Atlántico a sus espaldas, capitaneada por el hijo menor de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi, y el experimentado marinero alemán Boris Herrmann, en la que Thunberg, que se ha tomado un año sabático en el colegio, navegó acompañada también por su padre, Svante, y el director de cine Nathan Grossman.