Y agregaba: “La historia tiene épica: un pueblo totalmente pobre, humilde, sencillo, sin grandes recursos; previo a la caída de la Unión Soviética ya venía con bastantes dificultades. Cuando cae es la fecha en la que Fidel toma la decisión política de decir: ‘No me importa nada: esos chicos necesitan ayuda, están totalmente desamparados’. Porque al resquebrajarse el bloque socialista también se cae todo lo que es salud pública. Y no es que Cuba trajo a los chicos de una posición acomodada; trajo a los huérfanos, sin atención médica, pobres (...) Muchos eran huérfanos, llegaron con un tutor o padres de otros chicos que viajaron en el avión con ellos. Muchos vinieron muy solos: es desgarrador vivir en un país totalmente diferente al tuyo, con otro idioma, sin familia. Por eso generaron un vínculo muy fuerte con los médicos, las enfermeras o los traductores: se hizo una mini familia ahí en Tarará. La traductora que entrevistamos, las maestras de escuela, hablaban con un cariño por esos chicos como si fuesen sus propios hijos. Y eso nos llenaba de ternura”.