La obra de Franz Kafka (Praga, 1883-1924) es sin dudas la que se ha visto sometida a la mayor cantidad de interpretaciones. Bibliotecas enteras dan cuenta de una diversidad de lecturas sesgadas y hasta fanáticas. Max Brod, a cuya traición (el epíteto es de Milan Kundera) debemos el conocimiento de gran parte de los escritos de Kafka, fue el primero en crear una lectura definida y presuntamente definitiva. Tras esa lectura de índole religiosa sobrevendrían exégesis metafísicas, sociológicas, alegóricas, simbolistas, esotéricas, sobre la cuestión judía, sobre los pormenores estilísticos e idiomáticos y, sobre todo, interpretaciones psicoanalíticas y marxistas (una paradoja si se considera que fue un autor censurado en la Unión Soviética). Todas ellas eran lecturas posibles y plausibles, y todas ellas parciales.






























