Una medalla prendida a una cinta albiceleste, la tapa de seguridad de una bomba, el papel en el que escribía las cartas a sus padres, y varias fotos… Todo está acomodado sobre el escritorio de su trabajo actual, en el área técnica del diario El Litoral. Marcelo Alvarez es un excombatiente de la Guerra de Malvinas, pero casi nunca habla de los días que pasó en la Base Trelew, en el frío sur argentino, cuando con 19 años armaba las bombas que luego transportaban los aviones Canberra para combatir a la flota inglesa. No habló del tema hasta 10 años después de su regreso, ni siquiera con sus padres. Esa fue la orden cuando terminó el conflicto: "De lo que sucedió acá, no tienen que contar nada", recuerda que le dijeron sus superiores. Sumado al estrés postraumático y a la inexplicable disputa que surgió entre quienes estuvieron en las Islas y quienes cumplieron tareas en el continente, Marcelo calló durante décadas su historia, que es una parte importante de la historia argentina.


































