Cada vez que profundizamos en el estudio de los microplásticos, esas diminutas partículas menores de 5 milímetros originadas tanto de la fragmentación de plásticos grandes como de productos con microperlas, como los cosméticos, descubrimos su presencia en los lugares más inesperados: desde placentas humanas y arterias obstruidas, hasta en las profundidades del océano y casi en la cima del Everest.




































