Criticar obras y políticas públicas relacionadas con la cultura siempre ha estado en el radar del presidente brasileño, Jair Bolsonaro. Durante la campaña, prometía extinguir el Ministerio de Cultura y revisar la Ley Rouanet, que permite captar dinero privado para proyectos culturales a cambio de beneficios fiscales. Dicho y hecho: tras ganar las elecciones, subordinó esa cartera al Ministerio de Ciudadanía y después redujo el tope de captación de la Ley Rouanet de 60 a un millón de reales (de unos 16 millones de dólares a 270.000).


































