Adiós a los confinamientos masivos, pruebas PCR casi diarias, códigos de salud y restricciones para viajar entre provincias. Adelantando planes por una oleada de protestas sociales por varios rincones, el Gobierno chino escogió el mes de diciembre para dictar la sentencia de muerte a una política de Covid cero que había transformado al gigante asiático en una prisión para millones de personas. Pero aún faltaba la estocada final: la reapertura de fronteras en un país que lleva con todas sus puertas herméticamente selladas y controladas desde el 28 de marzo de 2020.

































