Una Francia adormilada por una campaña preelectoral extraña y extenuada por las crisis vota hoy en unas elecciones previsibles y a la vez inciertas. Previsibles porque todo apunta a que se va a repetir, como en las de 2017, el enfrentamiento entre Emmanuel Macron, favorito, y Marine Le Pen. Imprevisible porque el alto nivel de abstención y de indecisión, así como el avance de la ultraderechista en los sondeos, puede alterar este escenario.

































