No han terminado aún las tareas de identificación de los restos de cadáveres desperdigados en el centro comercial de Kremenchuk (centro de Ucrania) cuando las tropas rusas han vuelto a golpear un objetivo civil, causando al menos 21 muertos, entre ellos, seis menores. Dos misiles cayeron pasada la medianoche del jueves sobre un edificio de viviendas de nueve plantas y un centro turístico de Serhiivka, un pueblo en la costa del mar Negro, en la provincia de Odesa (sur del país), pero alejado del frente de guerra. Un bloque de apartamentos de 14 pisos también resultó dañado por la onda expansiva. “De repente nos despertamos con un tremendo temblor en el suelo”, cuenta Oxana Yakovenko, una mujer que vive a ocho kilómetros. Pese a la pena por lo ocurrido a sus vecinos, no pudo evitar sentir alivio al despertarse y ver que ella y su familia estaban a salvo.

































