Lo que empezó como una simple molestia en el ojo terminó en una pesadilla para Vivian Nosovitsky, una joven tiktoker de 21 años radicada en un pequeño pueblo costero de México. Su caso conmovió a miles de usuarios después de contar en redes cómo una infección rarísima le cambió la vida.
Hasta ese momento, su rutina transcurría con calma: yoga, paseos en moto y atardeceres en la playa, además de su trabajo online como creadora de contenido. Esa vida “en pausa” se cortó de golpe cuando el dolor la despertó de madrugada y empezó a crecer sin freno.
El cuadro escaló rápido: el ojo se le hinchó, el dolor se volvió difícil de tolerar y la sensibilidad a la luz le impidió sostener una vida normal. Según relató, llegó a usar anteojos de sol incluso dentro de su casa porque cualquier brillo le resultaba insoportable.
En los primeros días buscó atención en una clínica local y probó gotas recetadas, pero no hubo mejoría. Con el correr de las horas, la situación se agravó y decidió trasladarse a un hospital más grande, a unos 40 minutos, donde le hablaron de una úlcera en el ojo y ajustaron la medicación.
Lejos de estabilizarse, su ojo empeoró: comenzó a notar cambios visibles y tuvo la certeza de que algo no estaba bien. Al día siguiente, los médicos le recomendaron atención urgente en otra ciudad, a tres horas de distancia, y ella optó por no atravesar sola ese proceso.
Así llegó a Querétaro, donde se quedó con una amiga que la acompañó a un hospital especializado en ojos. Allí le realizaron un raspado de córnea y, después de esperar los análisis, se confirmó el diagnóstico que le explicaría todo lo que estaba viviendo.
De una molestia a una pesadilla: el diagnóstico que le cambió la vida a una joven influencer.Los estudios dieron un resultado poco habitual: acanthamoeba keratitis, una infección ocular agresiva asociada a un parásito que, en términos simples, va dañando la córnea. Vivian contó que al principio ni siquiera sabía qué significaba ese nombre y que nunca había oído hablar del cuadro.
Según la reconstrucción médica que recibió, el parásito habría ingresado a través del agua de la canilla y aprovechado una pequeña lesión favorecida por el uso de lentes de contacto. A partir de ahí, el dolor se convirtió en una constante y su vida cotidiana se redujo a sobrevivir el tratamiento.
El abordaje fue extenuante: gotas medicadas cada hora, incluso durante la noche, semanas sin descanso real y la necesidad de permanecer en completa oscuridad por la fotofobia. En ese camino, relató el miedo a perder la visión y el shock de comprobar que ya no veía con el ojo derecho.
En plena crisis, decidió contarlo en TikTok: no solo como desahogo, sino como advertencia sobre la salud ocular y la higiene de los lentes de contacto. La historia se viralizó, recibió mensajes de apoyo y hasta colaboraciones para afrontar costos, mientras ella sostiene la esperanza de recuperación y no descarta que el proceso incluya una cirugía.