Nacido en una ribera del Paraná y criado en la ciudad de Santa Fe, el verano era de sauces y orilla. Chicharras, viento y sol, el balde con agua y la sandía refugiada del sólido estío. Después la partiríamos dejando que ese jugo se resbalase, ensuciando la mano al comer la tajada sin piedad y con premura. La relación con el verano, el tiempo de cada día y las posibilidades de lluvias de un rato no cambiaban la certeza: el tiempo decide y nosotros acatamos. Para el tiempo elijo a Vinicius y su definición. En "El día de la Creación" dice: "(…) no hay nada como el tiempo para pasar".



































