Los pueblos sin memora están condenados a perder mucho mas de lo que puedan ganar. No tenemos amnesia. Por eso, cada 18 de julio recordamos el atentado contra la sede de la AMIA en pleno centro de Buenos Aires. Recordamos con mucho dolor a las víctimas, nos condolemos con sus familiares, amigos y compañeros; recordamos la demolición y destrucción de un enorme patrimonio histórico-cultural, pero también nos recordamos que todos los argentinos –independientemente de cualquier consideración etaria, religiosa, económica, cultural, nacional, elección sexual o lo que sea- fuimos y somos (¿seremos?) muy frágiles. Incluso para los santafesinos tiene un sentido especial, ya que un conciudadano nuestro, el joven Danilo Villaverde, fue una de las víctimas fatales de la voladura.


































