Fue una intensidad de dolores crujientes. Aguas puras desalojaron mi vientre y el cuerpo se dobló en espasmos de llantos y misterios. Mis caderas abrieron el portal del universo con jadeos y temblores. Mi humana oscuridad se desintegró en latidos acompañados, los míos fuertes y acelerados, los otros, suaves y expectantes. La vida se expandía en mi interior con ansias de ver el sol. Con los puños cerrados me aferré a mi aura de mujer fecunda y soñadora.



































