Cuando el Estado se declara impotente en la “guerra contra el narco”, uno lo imagina como un problema de criminalidad y violencia urbana con guarismos de homicidios e inseguridad, nunca como un tema vinculado a la salud pública. Esa “impotencia” declarada, podría ser creíble si no fuese que el propio Estado es quien promueve e incentiva un sistema social y cultural que hace, de las adicciones, una consecuencia mágica de un fenómeno paranormal.


































