Desde un punto de vista pragmático, hay quienes piensan que las palabras solo son instrumentos de la comunicación, útiles para evocar un objeto del mundo o expresar una emoción pasajera. Sin embargo, otros tantos señalan que cada palabra es el último eslabón de una larga y silenciosa batalla cultural. En los tiempos medievales el término fantasma era antecedido por el artículo femenino, es decir, "la fantasma". Para indicar que alguien estaba "hecho una fiera", en el siglo XIX se utilizaba la palabra "enfierecido", hoy caída en desuso (quizás reemplazada por enfurecido, aunque fiera y furia no son exactamente lo mismo).
































