Julio Camilloni aportó su pluma y Antonio Blanco la música. Así, ambos fraguaron el tango "La última" allá por 1957, como forma de colocar sobre los rieles del tango -que dicho sea de paso el género no atravesaba por el mejor momento- éxitos que perduren en su historia y vaya si lo lograron. "La última", ya desde su titulo late como confesión a media luz.
































