—No hay que llevar la ley a la deidad pero es muy importante que exista y que se cumpla con un mandato constitucional. Nos encontramos ante un país del hemisferio occidental que Alain Roiqué llamó de extremo occidente, pero que tiene una disposición constitucional que hay que cumplir si se pretende algún día llegar a un estandar parecido a los países avanzados. Esto debe llevarnos a una consternación, por no decir arrepentimiento, ante la enorme dificultad para lograr consensos básicos o al menos líneas troncales mínimas que nos permitan encarnar en tres o cuatro conceptos básicos; hay un ámbito en el cual no se trata de que haya consensos, porque si se juró una Constitución todo lo que establece debe ser cumplido. No es motivo de discusión y si hay discusión hay que sentarse de nuevo, convocar a una nueva convención reformadora. En el sistema federal hay voces que hacen planteos unitarios. Pero mientras tanto según el régimen constitucional es un país federal. Alemania, Suiza, Estados Unidos, Austria son países federales. Por qué la Argentina no puede adoptar pautas analizando estos sistemas para ser federal en serio. He insistido en la necesidad de observar los desequilibrios regionales. Es muy difícil postular un auténtico federalismo con los abrumadores desequilibrios. En el último medio siglo hemos apenas logrado reducir en 6 puntos el peso de la Región Pampeana en el PBI que era del 81%. Los desequilibrios argentinos son hasta obscenos. Argentina tampoco cumplió la ley para trasladar la capital de la república. La estructura ferroviaria sigue siendo la radial o abanico de la cual habló Alejandro Bunge. La problemática que Ezequiel Martínez Estrada identificó con la cabeza de Goliat la seguimos teniendo, más allá de manchones como Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán y ahora la Patagonia por Vaca Muerta.