“Yo había ido con él a París y Londres como para aprender las técnicas en los alegatos. Si bien tenía grandes secretos, yo había hecho clínica en Estados Unidos y litigación oral en Santa Fe, por lo que no llegaba a ser un mundo totalmente desconocido. Pero la primera vez que me tocó -tuve que representar a la delegación argentina en Metalpar, servir como “team leader” en lugar de Ignacio-, fue bravo, porque había que plantear una serie de excepciones en la audiencia preliminar y, en caso de que no se traten, había que retirarse. Y así lo hicimos. Después, el Tribunal nos dio la razón y se ganó. Siempre me acuerdo que cuando volvimos Horacio Rosatti (hoy presidente de la Corte Suprema de la Nación) me preguntó: ‘¿Y, cómo estuviste en la Champions, Jorgito?’; porque en general se considera que son las Grandes Ligas. No es que se discuta y se litigue de una manera totalmente distinta, de una manera, si se quiere más sofisticada, más fina, sino -diría- más glamorosa, algo así”.