En los fundamentos de estos proyectos Martínez afirmó “en la faz criminal, el ciberdelito es una variedad ilícita que se monta en la innovación y por lo tanto hay que construir nuevas definiciones y tipicidades y la realidad que vivimos hoy es alarmante. Cada vez más se usurpan o clonan cuentas e identidades y con ellas se llevan adelante fraudes, en general económicos, ya sea pidiendo dinero a los contactos de las víctimas, o utilizando su identidad para acceder a cuentas bancarias. Muchos caen en la trampa de las estafas que se están dando a través de la red de Whatsapp, por dar un ejemplo. Y la realidad es que estas estafas se denuncian muy poco, y no hay un conocimiento profundo de las recomendaciones necesarias para no caer en este tipo de ciberdelitos. Un ejemplo reciente son los mensajes que otorgaban turnos para la cuarta dosis de la vacuna del COVID con un link para confirmar a través de un código de seis digitos que son el paso de verificación de Whatsapp para configurar la cuenta en otro dispositivo electrónico y luego mandar mensajes a la agenda de contactos. Asimismo, se está viendo mucho en los últimos meses los enlaces con anuncios que prometen regalos y promociones y que no son más que una trampa para vaciar cuentas bancarias y robar datos personales. Las redes sociales también implican riesgos cibernéticos puesto que se comparten datos o información personal que pueden dar pie a posibles delitos. Compartir información personal, cambiar contraseñas desde links enviados a correos electrónicos, hacer click en enlaces, no verificar las url a las que se acceden, son las principales causas de ciberdelitos. Tengamos en cuenta además que a estos se suman otros delitos gravísimos que van más allá de lo económico, como el grooming, el ciberacoso y la distribución de pornografía infantil”.