Hacía calor aquel 19 de diciembre, como casi todas las tardes de verano santafesino. Descalzo, vestido solo con un short, Marcelo Pacini se acercó hasta la puerta del supermercado Bienestar, en Blas Parera al 5300, donde se habían amontonado muchos vecinos tras escuchar que iban a repartir bolsones de comida. Tenía 16 años.

































