El jefe de la expedición describe, en un comunicado que envía al Comando en Jefe del Ejército, el lugar con el que se encontraban a cada paso: “El teatro en donde se desarrolló la Operación 90 forma parte de un continente extraño, que por sus condiciones geoglaciológicas, su clima, por inhóspito y falto de todo recurso, se opone terca y porfiadamente al cumplimiento de toda misión. Una tierra en donde se enseñorea una hostil naturaleza —la más fría y tempestuosa del planeta— reacia a los hombres, perros y máquinas y en donde las tormentas polares y las interferencias magnéticas anulan las comunicaciones y afectan a los instrumentos volviéndolos inexactos e influyendo, por lo tanto, en la inteligente confianza que el hombre debe depositar en los mismos. Un lugar en donde los lubricantes se convierten en sebo y los metales se cristalizan, donde las mejores aleaciones se quiebran al desintegrarse la materia”.